Lesley Gore y la ejecución de un violador

Hoy quiero contarles cómo es que una canción y una escena de una serie han logrado darme el valor para enfrentarme a mis agresores. Se trata del final de temporada de The handmaid’s tale (El cuento de la criada). Mujeres matando a golpes a un hombre que representaba toda la represión, abusos, maltratos, torturas y vejaciones innombrables al que fueron expuestas por el gobierno fundamentalista por el que fueron raptadas; todo eso sumado a la adorable voz de Lesley Gore de fondo musical. “You don’t own me” es un clásico del feminismo, lo sé; pero nunca me había hecho sentir realmente poderosa, ni libre, ni nada… Bastó con escucharla mientras veía como la sangre de ese personaje infame recorría su rostro para que una suerte de valentía se impregnara en mi cuerpo. Hay trece segundos (sí, los conté) en los que la protagonista puede “oler” el miedo que brota por los poros de su abusador ante su inminente muerte en manos de sus víctimas quienes ahora son sus victimarias. En esos trece segundos antes de que sonaran los acordes de la canción, reviví los que fueros los momentos de abuso que sufrí. Vi la cara de un ex enamorado que me violó, la de ese familiar que me tocó sin mi consentimiento, la de el hombre que en me tocó en el bus cuando yo iba al colegio, la de todos y cada uno de mis abusadores que puedo recordar. ¿Qué haría si pudiera tenerlos en esa posición de poder? Ver el rostro lleno de sed de venganza de June y su satisfacción al saber que el “Comandante” estaba cagándose de miedo gracias a ella, me dio las fuerzas para liberarme yo misma de la vergüenza que cargo. ¿Si viera a mi abusador el día de hoy, haría lo mismo? Sí, creo que sí. Podría llegar a enfrentarlo. Obvio, tendría que ponerme en los oídos la melodía de fondo que ahora relaciono a la escena de “partición” y la liberación de las criadas para poder hacerlo. Ahora, cuando escucho a Lesley Gore cantar su clásico de todos los tiempos, siento poder, siento libertad, siento paz. Es cierto, está mal. Está muy mal. La venganza no es justicia, pero en un mundo donde la justicia para las mujeres nunca llega, la venganza en nuestras manos es lo más cercano que tenemos. Nadie sabe de todas las veces en las que he sido víctima de hombres que pensaban que tenían derecho sobre mi cuerpo. No las he contado todas porque ya ni las recuerdo todas. Se vuelven parte del día a día… ¿si pudiera tenerlos todos en fila, los mataría uno a uno? ¿Los matarías tú? ¿Eres más madura emocionalmente que yo? De seguro que sí. ¿Cómo es que lo sé? Porque con toda sinceridad puedo decir que sí creo que existe una sensación de satisfacción en la liberación de toda esa rabia guardada mediante el dolor físico que puedes infringir en quienes te han dañado, y eso me hizo entender lo tan inmadura que sigo siendo. “84 años y me siguen saliendo granos como una adolescente…” algo así. Me dieron ganas de encontrarme en la calle a uno en particular y patearle los testículos en frente de todos, tirarlo al suelo con todas mis fuerzas y arañar su rostro hasta que la sangre toque el asfalto… Rabia pura y sincera. Inmadurez en su máxima expresión, eso soy. Hay una frase de un capítulo de la misma serie que me dejó pensando: "¿Porqué sanar debe ser el único objetivo? ¿Porqué no podemos estar tan furiosas como nos sentimos?" Dicen que la ira es una etapa importante para la sanación, ¿será que en esa etapa estoy? Ni idea, realmente debería ir a terapia. Debería, digo. Me sigo haciendo vieja y ahora estoy lista para publicar esta serie de artículos escritos para ustedes en un libro físico. Los agradecimientos vendrán después. Mientras tanto, es hora de cantar… “You don’t own me… I’m not one of your many toys…”

Lesley Gore y la ejecución de un violador