Por ellas, por las que vienen

Cada mañana despertamos, nos alistamos para iniciar el día y suena un silbato. Salimos y nos juntamos, formando tres columnas de diez en diez. Desde arriba, muy en lo alto, hay otras como nosotras, caminando de un lado a otro, saben que estamos ahí, tienen nervios también. Suena el silbato otra vez, ese que todas conocemos muy bien y cerramos los ojos a esperar. Algunas ya están llorando, el miedo siempre las hace llorar; otras miran hacia abajo, tratando de pasar desapercibidas; otras rezan a su Dios; otras miran al frente y lo vemos llegar, él camina entre nosotras y elige a una. La coge del cuello y lo aprieta sin piedad, sus manos enrojecen su piel, la asfixia mientras dice: Si no eres mía, no eres de nadie. Ella muere, él se va. Las demás volteamos a verla. Algunas respiran de alivio pensando en un "gracias a Dios que esta vez no fui yo"; algunas vamos a levantar su cuerpo, ya no lloramos al hacerlo, estamos acostumbradas, lo hacemos a diario. Nos vamos a trabajar, a estudiar, a atender a nuestros hijos, a cualquiera sea nuestra actividad, a esperar. Es un nuevo día. Estamos treinta esperando otra vez, han traído a una de arriba, siempre lo hacen. Entonces, lo vemos llegar, él camina entre nosotras y elige a una. Esta vez tiene una botella en la mano. No es agua. Va directo hacia ella, le rocía la cara con gasolina, enciende un papel periódico y le arroja el fuego directo al rostro. Ella está ardiendo en llamas. Oímos sus gritos. Oímos su llanto. La está quemando viva, la está quemando viva, ¡LA ESTÁ QUEMANDO VIVA! Gritamos de auxilio pero sabemos, en el fondo, que nadie va a ayudarnos. Ella muere, él se va. Algunas respiran de alivio, algunas vamos a levantar su cuerpo. Nos vamos a trabajar, a estudiar. Hoy siento algo extraño, hoy creo que me va a tocar a mí. Hoy seré yo, lo sé. Hoy moriré yo. Él me va a matar. Giro la cabeza hacia arriba y veo a una niña, nos observa desde lo alto. Sus ojos están tan tristes como los míos. Creo que ya sabe que en algún momento le tocará bajar. ¿Por qué? ¿Por qué tendría que ser así? Es suficiente. Volteo hacia las demás, ellas también han visto a la niña. Suena el silbato y antes de que él llegue, tomo a una de ellas de la mano y la estrujo con fuerza. Ella entiende al instante. Hace lo mismo con la que está a su lado. Nos agarramos con firmeza, nos abrazamos entre todas. El machismo llega, camina entre nosotras y elige a una. NO, le digo. HOY NO. Nos aferramos la una a la otra , no puede llevársela. No puede atacarla. NO, le vuelvo a decir. NI HOY, NI NUNCA. Se acabó. Por mí, por nosotras, por ellas. Esto se acabó. Y seguimos así, luchando, día a día. Por ellas. Por las que vienen. Por ti, Eyvi. #NiUnaMenos

Lima, Perú - Hecha por Frescia Milagros - info@editorialarrowy.com

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